Joder, macho. ¿Cómo nos haces esto? ¿A quién le voy a llamar ahora pesao? Calificativo que siempre te tomabas con humor, con tu peculiar sentido del humor. Te hacías llamar el infierno, quizá porque lo llevaras dentro; aunque estoy seguro que no era mayor que el que cada uno de nosotros portamos. Tu infierno era pequeñito, casi de juguete; por eso causaba ternura. En realidad no era un infierno, sino un horno que cocía el pan más tierno; ese que guardaba en cada miga una palabra de aliento, un elogio, un chiste (a veces bueno). ¿Quién va a llevar ahora tu llama? ¿Quien va a alentar ahora a los demás a que participen en tu última locura? Tu última locura… Macho, esta vez te has pasao. Seguro que ahora te estás riendo dese ahí arriba. Sí, ahí arriba. Nada de infierno. Yo sé que no creías en estas cosas, pero es que no se me ocurre otra imagen más que la de verte en medio de un corro de ángeles, riéndose de tu última ocurrencia y, de pronto, el corro se abre y aparece tu gran amiga, esa por la que siempre te preocupabas, tu momia querida. Le echarás un brazo al hombro, ella te rodeará la cintura, y miraréis hacia abajo. Mira esos pringados, dirás señalándonos. Pobres, dirá Nofret que siempre fue más sensata que tú, qué solos los hemos dejado.
Joder, ¿cómo nos hacéis esto?
Joder, Jimul, macho.
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Pablo… no puedo dejar de llover mientras me río mirando el cielo con el color de unos ojos zamoranos. Como decía una coleguilla del andurrial, nunca tuve la sensación de compartirlo y hay que ver a cuántos alentaba. Tenía unos cuantos sacos de energía el bandido… su despedida casi siempre era: “besos y revolcones varios”
Hola Pablo, te sigo la pista desde la página Que Leer, he puesto mi relato este año en el concurso y mi pregunta es ¿vale la pena participar en Premio Qué Leer Volkswagen? Es la primera vez que me presento pero estoy leyendo cosas no muy positivas.
Hola, Azhido, escríbeme a pablodeaguilar@gmail.com y te respondo por Email. Pero ya te digo que sí que vale la pena.
Gracias, hecho.